Mucho ruido y pocas nueces
Santo Domingo.- Vamos a ver: qué pensarían ustedes si yo propusiera construir para mi familia una casa con materiales que van desde la paja ...
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Santo Domingo.- Vamos a ver: qué pensarían ustedes si yo propusiera construir para mi familia una casa con materiales que van desde la paja de arroz hasta el almidón pasando por cartones de cajas viejas pero que, eso sí, se viera la mar de bonita. Pues lo más probable es que dijeran que eso es un perfecto disparate, porque un hogar de esa manera construido no duraría nada más que hasta el primer aguacero o la primera ráfaga de viento.
Pues, en nuestra opinión, “Avatar” es algo así: nos deja pasmados ante tal alarde de técnica, ante la maravilla del 3-D, ante ese sistema usado por James Cameron para “construir” sus personajes “Na’vi”, ante la sonorización, la edición, la música, todo eso que se hace entre técnicos y tecnología.
Pero, es preciso que recuerden algo: el cine, como la literatura, tiene que funcionar a través de un lenguaje de signos que les son propios. En literatura, es absolutamente necesario que quien escriba sepa manejar el idioma que emplea, y no solamente por la ortografía, por la sintaxis, etc., sino por la manera propia que usa para manejar ese idioma creando belleza, usándolo para crear un “armazón” que, de por sí, sea posible de admirar.
Sin embargo, de nada le valdría a ese escritor escribir de manera hermosa si no está expresando algo que valga la pena, si no cuenta con ese admirable manejo del lenguaje una historia que valga la pena.
Y eso, por supuesto, se aplica al séptimo arte: es necesaria una adecuación entre forma y fondo, el continente puede ser formidable, pero el contenido debe tener igual o tal vez hasta más valor.
Lamentablemente, quienes colocan “Avatar” como candidata al Globo de Oro, y esos otros que de seguro la propondrán para el Oscar, y quienes aquí ya se hacen lenguas sobre la “magnificencia” del filme de Cameron, caen en el mismo dislate que quienes tienen a “Titanic”, entre las mejores películas de la historia del cine.
“Titanic”, por mejor que se hunda el barco, nos cuenta una telenovela insulsa que no se corresponde con la tragedia que queda de fondo.
“Avatar”...¿qué cuenta “Avatar”? Pues nada original. De entrada, se puede decir que es “Danza con lobos” en el siglo 22, con los nativos, sus caballos, sus arcos, flechas y lanzas luchando contra el poder arrollador del imperio, mientras un teniente de esa caballería les visita, les conoce, se enamora y se vuelve contra su propia gente.
Hay de otros filmes, incluso alguno del mismo Cameron, como “The Abyss”, pero dejemos las citas para luego y pensemos: los pieles rojas unidos, aún siendo muchos, no pudieron vencer a la caballería porque usaban armas rudimentarias contra las modernas y letales de los yankis.
Y eso resulta lógico cuando usted ve el filme de Costner. Ahora, sin embargo, los Na’vis, usando las mismas armas que los pieles rojas, vencen, y eso suena a disparate por más bonito que lo pinten: a Cameron, durante el formidable desarrollo de la batahola, se le olvidó que había desembarcado docenas de robots poderosamente armados esos, con la excepción de los dos grandes en otro enfrentamiento inverosímil, jamás vuelven a aparecer.
Si no nos creen, cuando vean el filme (porque lo verán), constaten ese detalle. Los que sí aparecen son todos las fornidos animales para atacar a los invasores... como en las viejas películas de Tarzán. En otras palabras, que la historia es perfectamente convencional (los buenos contra los malos), nada tiene de original, y tiene detalles que son hasta risibles, como el asunto de las resurrecciones, lo que le da el título al asuntejo.
Si nos preguntan por las actuaciones, a Zoe Saldaña no la podemos calificar porque ella es parte de la nueva técnica: su rostro es prácticamente impenetrable y no podemos juzgarla por sus brincos y carreras. Worthington no es gran cosa, y Michelle Rodríguez hace lo de siempre: poner cara dura y disparar. El único que “actúa” entonces, es Stephen Lang, que es el malo y para ello pone... cara de malo. Ribisi y la Weaver no van a ganar menciones por sus personajes, eso es seguro.
Y tal vez ahora se pregunten: ¿Por qué historia tan simplista y anodina? Pues la respuesta es muy sencilla: los buenos tienen que ganar porque luego vendrá la venganza, o sea, porque vienen no la, sino las secuelas, o sea, que los “avatares” serán una mina de oro para Cameron y demás, mina más rica que la que pretendían explotar en el planeta Na’vi...